Historia de la vestimenta

La historia de la vestimenta se vio afectada por diferentes sucesos a través del tiempo. Algunos de los más influyentes fueron los diferentes movimientos sociales de protesta por la inconformidad con respecto al mundo establecido en búsqueda de cambios, como por ejemplo los movimientos feminista de los 60, el movimiento hippie, también en los 60 y principios de los 70, el movimientos punk en los 70, y otos. Otras causas por las que la moda fue cambiando con el tiempo fueron la búsqueda de la comodidad y practicidad, distintas necesidades económicas y la producción en masa y en serie, que llevó a la creación de diseños simples y al uso de materiales baratos.

Las primeras prendas de ropa, según la historia de la vestimenta nos demuestra, aparecen miles de años AC. Estas prendas no se caracterizaban por tener diseños sofisticados, sino de cubrir las necesidades de las personas según las condiciones climáticas y geográficas de la región. Por ejemplo, en zonas muy frías, surgía la necesidad de cubrirse en cuerpo con lo que se podía, y el hombre comenzó a usar cuero, pieles, paja y fibras naturales. Alrededor del 7.000 AC, el hombre comienza a fabricar telares. Con el fin de que estas telas obtenidas de medios naturales quedaran bien en el cuerpo y cubran las zonas necesarias, se empieza a pensar en el diseño de la ropa, siempre con un fin práctico y no estético. No se ven diseños pensados estéticamente hasta mucho más adelante en la historia de la vestimenta. También el calzado se remonta a estos tiempos antiguos, ya que los hombres buscaban proteger sus pies del hielo o del suelo y de los insectos. En zonas más frías, los hombres andaban descalzos.

Es bien conocido que ya los egipcios y los griegos usaban ropa para cubrirse el cuerpo. La prenda más común era la túnica entre ambas sociedades. Los egipcios usaban una especie de polleras cortas que variaba en material según el estatus social de la persona. Los más pobres vestían algodón y los más ricos el mismo material pero de mejor calidad. También los de la alta sociedad usaban joyas y diseños en sus prendas. Las polleras largas también se usaban, pero sólo algunos miembros de la sociedad más privilegiados. Los egipcios también le daban mucha importancia al maquillaje, el peinado y la depilación del cuerpo.

En las comunidades griegas, las túnicas eran de lino, y también usaban lana y pieles. Usaban también una especie de túnica corta y sin mangas conocida como palio. Los más pobres, entre ellos campesinos, esclavos y artesanos, usaban lana y cuero. Las mujeres, túnicas conformadas con polleras muy amplias hasta los pies, que se ajustaban en la zona del tronco. Las mujeres eran muy femeninas y por eso usaban joyas y trataban de resaltar la cintura y el busto con cintas. Su forma de calzado eran las sandalias que se ataban a la pierna formada por una suela de cuero, pero en su mayoría, eran los guerreros los que optaban por este tipo de sandalia. El resto de la gente no usaba calzado.

Los romanos tenían un tipo de ropa que se vio influenciada por otras culturas y modas de la historia de la vestimenta. Mientras el imperio avanzaba, distintas regiones fueron conquistadas, y los romanos tomaron de todas ellas algo. La toga es la prenda más conocida de los romanos. Sólo un ciudadano romano podía vestir una toga. Aunque al principio era común entre hombres y mujeres, se convirtió en una prenda masculina. Entre las mujeres se usaba una prenda en forma de velo conocida como palla. También usaban túnicas, por la influencia griega, y los más ricos teñían sus prendas.

Ya en la edad media, la historia de la vestimenta cambia drásticamente. Los hombres empiezan a usar túnicas cortas con mangas y calzas hechas de cuero o paño. Las mujeres empiezan a usar polleras y capas que sobre el cuerpo. Más adelante, la pollera de la mujer se extiende hasta el suelo. Durante siglos, las mujeres no podían mostrar sus piernas, las que debían cubrir en toda su extensión. Desde entonces los vestidos de las mujeres comienzan a tener más importancia. Las mujeres de las clases más altas empiezan a ornamentar sus vestidos y la elegancia se transforma en el nuevo interés. Desde la edad media, la ropa ya no tenía únicamente un fin práctico, sino estético.

Ya para el siglo XIV, las mujeres usaban vestidos con faldas que arrastraban el suelo y escotes muy pronunciados, con mangas con distintos diseños. Las joyas y los adornos en la ropa y los zapatos se convirtieron en algo común, hasta el punto en el que en algunos países se tuvieron que tomar medidas para controlar el gasto que generaba la indumentaria femenina.

Pero aquí no termina la historia de la vestimenta. En el siglo XVI, la ropa se pone más sofisticada entre hombres y mujeres. Los hombres comienzan a usar bullones holgados por encima de sus calzas y en las mangas de sus camisas, así también como capas cortas y plumas en los sombreros. Entre las mujeres, eran comunes los bullones en las mangas de sus vestidos, que se caracterizaban por tener polleras muy amplias hechas de muchas capas de telas y que llegaban hasta el piso. Un siglo más tarde, se comienza a usar encaje y los hombres, pantalones cortos con medias largas.

Ya para el siglo XIX, la indumentaria femenina se concentraba en la acentuación de la figura femenina. El fin era lograr que el cuerpo de la mujer luciera como un reloj de arena. Para lograrlo surgen los vestidos emballenados y los corsés. Estos corsés apretaban el cuerpo de tal manera que podían reducir la cintura femenina hasta 40 cm. Esta tendencia poco saludable persistió hasta mediados del siglo XX, cuando comienza a decaer como consecuencia de la liberación de la mujer y de los problemas de salud que producían. Además del corsé, las mujeres también resaltaban su figura con enaguas. Las más jóvenes vestían polleras cortas, hasta la rodilla, y con la edad iban alargando el largo de sus vestidos. La ropa interior consistía en una especie de pantaloncillos largos y un vestido arriba que se usaba por debajo del vestido.